Browsing by Autor "Arce Hochkofler, Fernando"
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Item type: Item , El pepino paceño: de insignificante a significante pleno(Revista de Psicologia, 2015) Arce Hochkofler, FernandoLa figura del pepino no tiene connotaciones étnicas ni sociales, representa al mestizaje y a lo humano genérico, universaliza el carnaval paceño al hacer serie y da continuidad a las fiestas saturnales de Roma que honraban a la tierra fértil y hacían propicio el comienzo del año, negando el carácter mortífero del tiempo que todo lo consume. Y así como en los pueblos de Europa se representaba al carnaval por un muñeco de paja vestido de harapos, que era bien la efigie de la Muerte a la que se quemaba, como una forma de echarla del pueblo-para que venga a continuación la fertilidad de la vida; nuestro pepino es enterrado como una forma ritual de despedirlo del municipio, en medio de falsos llantos con los que se delimita su existencia desde la despedida del dios aimara de la abundancia (el ekeko y la fiesta del jisk'a anata) hasta su entierro el domingo de tentación católico (por un desplazamiento religioso de las fiestas del solsticio de verano, éstas se celebran 45 días antes de las fiestas de Pascua). Este sincretismo desliza el ritual pagano de adorar en este personaje, la negación de lo efímero mortal, a condición de arrepentirse y hacer penitencia. Lo que se desentierra y entierra es el ciclo de la vida, la semilla que muere para dar frutos abundantes, es la iniciación en la sexualidad y la fertilidad de los jóvenes lo que en realidad se disfraza y venera: tanto en la cosmovisión centrada en lo agrario de los aimaras, como en la originaria fiesta europea. Luego, lo que esta fiesta bacanal celebra y llora es la sensualidad floreciente bajo la advocación fervorosa a la Celestial Madre Católica, mientras la terrena diosa nativa (Pachamama) se lleva los réditos y las ofrendas de danzas rituales y urgencias; en cuya intencionalidad sólo Dios sabe qué deseo inconsciente cada quien resbala. Constituye entonces, el significante del deseo carnavalero y, por un desplazamiento metonímico, la astucia del gozar sin hacerse cargo del propio deseo, la mascarada del goce sin la identidad consciente del sujeto. Por el mismo giro, permite hacer alusión al amante anónimo que deja la huella de un goce prohibido que se hubiese querido sin rastro. Por eso, llegó a designar también al que no tiene padre, al que no tiene identidad, al que no tiene derecho al goce excepto cuando ejerce de bufón anónimo. El único lugar que cabía para él, era el de ser el payaso que encarnaba los deseos de abundancia y placer, y su existencia se limitó habitualmente, al ciclo del desenfreno dionisíaco. Hoy sin embargo, es un prestigioso abanderado que abre el carnaval paceño. Se le ha elevado de condición y seguirá convirtiéndose en un personaje fastuosoItem type: Item , La existencia dolorosa del héroe trágico. Reflexiones sobre Arturo Borda(Rev Cien Cult, 2019) Arce Hochkofler, FernandoEl autor explora el dilema moral que confronta el hombre agobiado por su sensibilidad de artista, ante una sociedad incapaz de ver su propia miseria. El artista, o se ajusta a los cánones estéticos convencionales o retrata su sociedad sin que ésta se percate, vaciando la significación convencional del lenguaje y recuperando su originalidad inocente. Renunciar al sentido común y salirse de lo general es una rebelión contra el Padre, señala Freud, y es el recorrido del héroe. Pero desde Lacan, Borda se rebela contra la significación del Otro del Padre, para restituir el poder de la palabra plena. El héroe, despojado de su yo imaginario y del sentido común, toma conciencia de su infinitud. En ese momento, según Kierkegaard, o abraza esa conciencia infinita y hace de ella todo su amor (es el movimiento de la fe) o, al percibir el absurdo de la dolorosa existencia humana y la indolencia de un Dios-Padre incognoscible, mata a ese Padre y asume para sí el dolor del prójimo. Es la elección del héroe trágico.Item type: Item , La responsabilidad ética del hombre contemporáneo(rlde, 2011) Arce Hochkofler, FernandoEl desarrollo económico, la evolución de la ciencia y la tecnología, la explosión demográfica, la "cultura" informatizada, las libertades democráticas y la corrupción, han provocado una crisis moral sin precedentes, una revolución del concepto que tiene el hombre de sí mismo, de lo masculino y lo femenino, al punto de ver tambalearse su identidad, sus valores y perderse el sentido de orientación de hacia dónde van la cultura y la civilización. Esta crisis nos apostrofa con interrogantes que tienen anverso y reverso: ¿cómo afrontar el presente incierto? ¿De qué cualidades, de qué carácter hay que estar construido para plantarse y tomar buenas decisiones en el mundo inseguro, competitivo y difícil que nos toca vivir? Ya no se trata de pensar proyectos ecológicos o modelos económicos sustentables, menos sistemas ideológicos; sino de descubrir personalidades capaces de lucidez y altura necesarias para asumir con responsabilidad el liderazgo de la humanidad.