Catalina Vargas‐Acevedo2026-03-222026-03-22202010.11144/javeriana.umed61-4.nvozhttps://doi.org/10.11144/javeriana.umed61-4.nvozhttps://andeanlibrary.org/handle/123456789/70295
 Hace poco, durante mi práctica clínica, me encontré con una paciente de una comunidad indígena y su madre, que no hablaba español. La paciente, para fines de este texto, la que llamé la niña sin voz por su vulnerabilidad y por la falta de opinión que le daba su edad temprana, su falta de lenguaje y un retraso en su neurodesarrollo. Su madre, vulnerable también y con pobre capacidad de comunicación por las barreras de lenguaje, la llamé la madre invisible. El trabajo de comunicación y de comprensión con su madre y las barreras que nos implicaba el idioma, su cultura y la mía, me hizo reflexionar y en el siguiente texto comparto esa reflexión. Así mismo, comparto el proceso emocional y racional que surgió a partir de este caso. Este es un llamado a conservar la humanidad y el humanismo, tanto de las personas con las que nos encontramos, como el nuestro. Así como respetar el proceso humano y sensible que atravesamos nosotros a la hora de tomar decisiones humanas, aunque no siempre sea racional. 
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