Marta Harnecker2026-03-222026-03-22201110.35533/ecd.mhhttps://doi.org/10.35533/ecd.mhhttps://andeanlibrary.org/handle/123456789/50368Citaciones: 7La democracia liberal representativa es presentada como la única y verdadera democracia. Además de que, en su nombre, se invaden territorios y sacrifican pueblos enteros, la voluntad popular no se expresa libremente en las urnas y, en última instancia, el pueblo no es quien gobierna. No es suficiente otorgar un sentido social a la democracia liberal —al atender, por ejemplo, problemas como alimentación, salud y educación—, sino que el desafío es que los pueblos rescaten la política para instalar un democracia verdadera donde las personas, al luchar por cambiar las circunstancias, se transformen a sí mismas. Dada la injusticia y desigualdad predominantes, hablar hoy de socialismo tiene sentido. No se trata de copiar modelos foráneos o de exportar el nuestro, sino de transformar la economía, instalar la democracia participativa y consolidar una ética solidaria e igualitaria para construir el socialismo en cada país. La participación popular y las redes de democracia directa son el fundamento para el desarrollo humano socialista.esHumanitiesPolitical scienceDemocracyPhilosophyDemocracia y socialismo: el futuro enraizado en el presentearticle