Revolución de los conjugados anticuerpo-fármaco en el cáncer, ¿a donde vamos?
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La nanomedicina ha facilitado el desarrollo de moléculas bioactivas en diversos órganos humanos. El diseño a microescala ha superado barreras fisiológicas específicas, permitiendo mejorar el índice terapéutico, reducir la dosis biológica efectiva y disminuir las reacciones adversas (1). El objetivo principal de un sistema de administración farmacológica como los conjugados anticuerpo-fármaco (ADC) es prolongar, localizar y permitir una interacción farmacológica protegida con el tejido enfermo. Además, los sistemas de liberación dirigida reducen la frecuencia de dosificación, minimizan los efectos adversos y reducen las fluctuaciones en los niveles circulantes (el volumen de distribución de un ADC es de 6 a 10 litros y la vida media de eliminación terminal es de 4 a 6 días) (2). Los nanodispositivos capaces de modular reacciones adversas y mejorar la administración del medicamento activo (SMART) están compuestos de materiales blandos quiméricos o híbridos.
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